
Es un procedimiento para retirar la vesícula cuando existen cálculos, inflamación recurrente o riesgo de complicaciones que afectan el bienestar del paciente.
Se recomienda ante dolor tipo cólico biliar, episodios repetidos de inflamación, infección o hallazgos que sugieren riesgo de obstrucción biliar.
Generalmente se realiza con técnica de mínima invasión, lo que permite menor dolor posoperatorio, mejor recuperación funcional y reincorporación más rápida.
Resolver el problema a tiempo disminuye la probabilidad de complicaciones como pancreatitis, infecciones severas y urgencias abdominales.
La recuperación suele ser progresiva, con indicaciones nutricionales y control médico para asegurar una evolución favorable y segura.